De
viaje con ayahuasca
Durante miles de años ha sido considerada como una
panacea para tratar diversos males. Usada sobre todo por la población indígena
en la antigüedad pero que aún a día de hoy se sigue consumiendo y se está introduciendo
cada vez más en la sociedad occidental.
Es una sustancia que debe ser consumida por unos
pocos elegidos, ya que no todo el mundo está preparado física y mentalmente
para experimentar con esta planta milenaria.
Pensar en cómo las tribus amazónicas, las cuales
carecían de conocimientos en química, pudieron encontrar la combinación idónea para
conseguir tan extraños efectos no ha hecho más que despertar el ansia por estudiar
dicha sustancia. Son muchos los antropólogos, psiquiatras y científicos de todo
el planeta que se están dedicando a ello.
Normalmente todas las personas solemos albergar
pequeñas cantidades de DMT en la glándula pineal, pero con un aumento rápido de
los niveles de DMT nuestro cuerpo entraría en un estado físico y mental
alterado.

En la comunidad de antropólogos, hay quienes se
especializan en la rama del chamanismo y exponen al mundo como esta extraña
mezcla no es considerada como una droga, ya que no produce alucinaciones. Mas bien
se trata de una llave que abre una puerta a otra dimensión y convierte al
viajero en un visionario.
Los indígenas usan estas plantas para guiar,
reequilibrar la conciencia en las personas que realizan su ingesta. Buscan un equilibrio
mental y físico que los lleve hasta la autosanación. Mediante un ritual llevado
a cabo por un chamán o guía experimentado, conducirá al viajero por el extraño
estado de conciencia que abre esta planta. Las barreras del inconsciente serán
derribadas y el cuerpo podrá ser purgado.
Científicamente hablando, dos doctores, Diego
Rodolfo Viegas y Néstor Berlanda han realizado diversos trabajos con los que
han llegado a la conclusión de que en la mayoría de los individuos que
experimentan con la ayahuasca sufren una amplificación emocional.
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